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RASTREANDO AL DUENDE y otros apuntes

Me acuerdo, como si fuera ayer, de mi primera batida a los corzos hace ya la friolera de 20 años, con una veterana sabuesa española rabena como única compañera, para montear, en lo que por aquel entonces, era la primera división en mayúsculas del corzo en Galicia... A Pontenova, también conocida por entonces, por los salmones del río Eo, amén de una boyante industria de tractores forestales.

Para los escépticos ante tal aseveración, que alguno habrá, tan sólo diré, que por aquel entonces, en A Fonsagrada, coto limítrofe, se abatían menos ejemplares y en la “Mariña”, hoy capital del corzo en la provincia de Lugo, el bueno de Manolo del Cubilote,popular sabuesero, ya desaparecido, con una docena de sus no menos acreditados sabuesos, españoles en su gran mayoría, apenas era capaz de levantar un solo ejemplar, en los montes de Xove y Sargadelos.

Empiezo no obstante, a escribir estas letras, a regañadientes, después de no saber decirle que no al amigo de tal encargo; a disgusto, porque vuelvo a escribir ocho años más viejo sobre el mismo tema de aquel primer boletín de Latidos, de la época actual, y jodido, porque me toca el escribir sobre la caza con sabuesos más desprestigiada por algún que otro, escopetero que no merece el honor de denominarse sabuesero. Pero, ¡qué diablos¡, por contra, no me cabe duda que voy a escribir, excluyendo a la de la liebre, sobre la caza de rastro en su máxima esencia: Cazar el corzo con sabuesos, que no es lo mismo que cazar el corzo con perros de rastro, aunque a más de uno se lo parezca.

Pasando por alto, la descripción morfológica y biológica del corzo (capreolus capreolus), ya que ello se encuentra sobradamente en manuales, revistas o en cualquier medio de comunicación; Prefiero adentrarme en las cualidades que debe poseer todo sabueso de corzo, para posteriormente adentrarme en la jauría y consiguiente rastreo de este cérvido.

El sabueso de corzo, debe aglutinar todas las cualidades de un buen perro de rastro: gran afición, finura de pituitaria, iniciativa, inteligencia y por supuesto esa tenacidad, marca de la casa.

Sé que a alguno, le pueda parecer una barbaridad y máxime en los tiempos actuales que corren, en los que sí no se caza jabalí, los perros no valen nada, por no decir palabras malsonantes. Se ha llegado a tal extremo, que alguno de los actuales “expertos” tienen la osadía de maldecir, qué donde haya un buen chucho de cuerda, que se quiten hasta los avis raris lebreros, a lo que sólo queda añadir aquella frase de:”para ir a la Universidad, primero hay que pasar por la escuela...”y muchos siguen sin entenderlo.

El sabueso corcero, debe tener afición, ser sagaz en la búsqueda, sin desfallecer, sobre todo en esos meses de septiembre y octubre donde el rastro es realmente sutil, capaz de adentrarse en lo más recóndito del bosque a buscar la emanación del duende, pues a veces el rastro no se encuentra tan fácil.

Debe ser fino de nariz, pues aunque parezca que el corzo deja mucho rastro, puedo asegurar que no es lo mismo el rastro de pasteo que un rastro de  persecución y máxime si los canes que vienen detrás son de los que no se duermen; y tampoco, dadas las condiciones atmosféricas, no es lo mismo un rastro a las dos de la tarde en enero, que ese mismo rastro en pleno mes de septiembre con un sol de justicia.

Deben tener una gran iniciativa junto a la consiguiente inteligencia para resolver en el menor tiempo posible las pérdidas producidas en la persecución del animal, ya que detrás de esa hermosa imagen que representa el corzo, se esconde, al igual que la liebre, un maestro en el cambio, en el engaño, en la pérdida, en el contrarastro. Esa inteligencia, tan necesaria, que distingue al buen sabueso del malo; inteligencia que le hará rastrear la pieza levantada y no aquellas que le va poniendo el cornán delante de los morros,hablamos de cambio, con el fin de irse a dormitar; inteligencia que le hace tomar iniciativa y dar un rodeo en caso de pérdida, para que en breves instantes nos vuelva a poner los pelos de punta con su latir firme y seguro; esa inteligencia, que les hace resolver un contrarastro , el animal, en diferentes ocasiones volverá por sus mismos pasos, con una seguridad tal, que para el neófito pasaría desapercibida.

Debe tener una marcha lo suficientemente sostenida, para no hacer pensar mucho al cornán, de lo contrario malo y si me apuran, diría que cuanto más veloz, por consiguiente más inteligente, mejor can corcero se tendrá, y que no se tenga miedo a fallar con la vieja paralela, porque aquel perro veloz, al cual tanto se maldice en las armadas, puestos, a poco que conserve la cualidad fundamental de todo perro sabueso, la tenacidad, en un par de horas, después de una implacable persecución, nos pondrá al corzo en el sitio del levante como si de un viejo lebrato se tratara.

Y para terminar, esa tenacidad que le hace llamarse a nuestro compañero con todos los honores “sabueso”, aquella tenacidad, que le hace al perro seguir la pieza hasta la extenuación, hasta la pérdida, que pérdidas hay, incluso para los mejores, aunque sean las menos.

Cualidades, todas ellas, que debe tener todo buen sabueso, aparentemente fáciles de poseer cualquier ejemplar, pero que a día de hoy, para desgracia de todo buen aficionado, cada vez escasean más. Me hizo mucha gracia, aunque para dentro, pensaba cuanta razón tenía, cuándo en una de las últimas batidas de jabalí de la última temporada, comentaba un experimentado sabuesero, ante el estupor de gran parte de la cuadrilla, que le daba tanto valor a un sabueso de corzo, de los de tres horas, se entiende, que a un sabueso de cuerda.

Cualidades, que con paciencia, trabajo y tiempo, se le deben tratar de inculcar a todos los perros, para que por méritos propios puedan integrarse de pleno derecho en la jauría.

Y ya que he citado a la jauría, pasemos a escribir un poco sobre como debe ser una jauría de corzo.Image No obstante, quisiera hacer un comentario, de cómo ha evolucionado el rastro en nuestra tierra durante los últimos años. Sí vuelvo la vista atrás a aquellas primeras cacerías a las que asistí como mero aprendiz de aquellos experimentados sabueseros, no consigo divisar ninguna jauría en todo el norte de Lugo, a excepción de la mencionada del citado Cubilote. Por entonces, él que tenía tres perros ya era un “loco” en el buen sentido de la palabra, cazándose con uno, dos perros durante toda la jornada; eso sí, qué perros, perros de cabeza, en su mayoría. Hoy en día, sucede todo lo contrario; abundan las agrupaciones de perros sabuesos, pero la calidad ha disminuido considerablemente. Desconozco cual puede ser el motivo, si el tener más perros, moda francesa, entendiendo que el número hace la fuerza, teoría totalmente errónea, o la forma de cazar actual que se tiene con traílla. Quiero aclarar, que no estoy criticando la traílla, sino el excesivo abuso, que se hace de ella, aplazando el jabalí en el trozo de monte lo más reducido posible y por tanto, con menos posibilidad de lucirse y sobretodo hacerse al buen sabueso. Hace 20 años, ya utilizábamos la traílla, pero nos fiábamos más de la experiencia, de las querencias de los animales y a la mínima, se soltaba de mosquetones. Hoy se hace caso omiso de esa experiencia, aunque se vaya acompañado de un veterano sabuesero local, adentrándose muchas veces en el toxeiro de turno, más de lo sensato, lo que da como resultado que una vez que se coloquen las armadas, el xabaril, ya nos está observando desde la ladera de enfrente...

Pues bien, una jauría debe estar formada por un mínimo de cuatro ejemplares, ya sé que alguno le parecerán pocos, pero uno prefiere cuatro que veinte. Es de desear que todos sus integrantes pertenezcan a la misma agrupación racial, para tener  entre otras cosas, el mismo paso, la misma forma de cazar, de buscar, de levantar, de arrear la caza. Siento discrepar, con mucha gente, pero aún no sé que se consigue en una jauría mezclando dos razas, o lo que es más sangrante, perros tan dispares como Beagles, grandes azules, con algún fauve de por medio, cruzados, etc. La jauría debe ser monocolor, hasta tal punto, de que cuándo van con pieza, deben ir como una pelota, sin distinguir el primero del último, de lo contrario, no merecen llamarse jauría.

Se dice, que una jauría debe ser un conjunto de especialistas y yo diría que una jauría debe ser un conjunto de perros que cacen todos y que agrupen. Me explico:

Conjunto de especialistas...pues sinceramente, no lo sé. Siempre he cazado,perros propios, con sabuesos de la tierra, tuvieran papeles o no, y nunca he llegado a acusar eso de la especialidad. Entiendo que esto de la especialidad es más intrínseco de las culturas francesa e inglesa, y por consiguiente de sus razas de perros sabuesos que de los sabuesos españoles. Cuantos de nosotros, no hemos leído sobre las grandes jaurías de los reyes franceses, o sobre las jaurías especializadas en esta u aquella pieza de la grande Francia. En nuestra España, era todo lo contrario; en vez de grandes jaurías, había un sabuesote, a lo mucho dos, en toda la aldea y a esos perros se les mataban los xabariles, las liebres y lo que se les pusiera por delante, con tal de llevar un poco de carne para casa en aquellos tiempos de penurias. Yo mismo, como ya he comentado, en mis comienzos he cazado temporadas enteras con un solo sabueso. Y esta selección, llevaba a criar y cazar con perros sabuesos, en toda su magnitud, lo que se llama el perro de cabeza, a la vez, tan buscado en las jaurías foráneas, por su dependencia de tanto especialista. Se utilizaba el mismo perro para cazar el corzo, el zorro, que para atraillarlo en busca del rastro del jabalí y posteriormente soltarlo de mosquetón para que diese el callo ante la bestia negra y se podrá creer o no, pero no había muchos cambios, ya que eran perros sabuesos que cuándo cazaban un rastro, lo cazaban hasta el final.

Todos los perros que forman parte de la jauría deben de cazar y por activa y pasiva, no me cansaré de repetir que todo sabueso debe saber buscar, acercar, levantar y perseguir. Un perro, que no cumpla esto, no debe formar parte de una jauría, sea de españoles, ingleses, franceses o de variopintos, como tanto abundan, y además, de cazar, deben de agrupar, por que de lo contrario, un perro subiendo por una vertiente de una ladera, el otro por la opuesta y el tercero por la cima, tres piezas andando, pero al final, entre atender a una y a otra, entre tanto pupurrí, se tendrá de todo, menos presenciar el trabajo de una jauría. Lo bello y bueno de la jauría es el acoplamiento de unos perros, que van como una pelota el tiempo necesario en pos de la caza, o hasta que se produce una pérdida definitiva. Eso es una jauría, un conjunto de perros cazadores, que ponen todos sus conocimientos en función de una colectividad, llamada jauría, tremendo espectáculo y tan poco visto en nuestras queridas sierras.

Sergio Moirón Couceiro 

 
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