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Libro de la Montería de Alfonso XI Imprimir E-Mail

Dos capítulos de esta obra clásica, dónde se nos habla sobre la manera de hacer un buen can de traílla y de levante y persecución.

Libro de la Montería de Alfonso XI (año 1350).Capítulo XXIII, sobre la manera dehacer del montero que quiere hacer un buen can de trailla.

Porque lo más del monte es en los buenos canes, deben hacer mucho los buenos monteros por hacer buenos canes señaladamente para haber buenos canes de traílla para levantar, porque es lo primero que se debe hacer en el monte, y por esto es menester de ser lo más cierto y que no haya error en ello, y para esto parécenos que el que quisiere hacer buen can de traílla, que lo debe hacer así: mandar que lo lleven siempre a la busca más cierta que hubiese en el monte, y que vaya en compañía del mejor montero en que fuese el can más cierto de levantar, y desde que fallase el rastro del venado,  vaya por delante en la ida, aquel can mejor, y que lleve detrás el can nuevo que quieren hacer, que no entre otro can alguno ni otro montero.

Y desde que entendiese que está la cama del venado muy cerca, que entienda que no la puede errar de levantar, pase aquel montero que lleva el can nuevo delante de aquel que lleva la ida, y levántelo con él, de manera que entienda el can que lo levantó él, y suéltenle aquel can maestro que lleva primero, y después todos aquellos canes que van en aquella busca, salvo el can nuevo que tenga en la traílla, y pasen la cama con él y haláguenlo allí mucho, pasando la cama del venado, y denle alguna cosa de comer, y llévenlo en la traílla, y hagan mucho por cuando muere el venado que lleguen allí para encarnarlo de traílla, y si quisiese comer denle del corazón. Y si no quisiese comer porque hay algunos que aunque sean buenos no quieren comer del venado, tomen el hígado del venado y tuéstenlo y déjenlo con pan para encarnarlo muy bien de esta manera unas cinco o seis veces, de ahí en adelante lo podrá soltar muy bien pero han de cuidarse de que las primeras cinco o seis veces que lo soltasen sea en monte pequeño y sea el venado bueno por tal que no haya razón de no encarnar.

Otrosí, si fuere can que entiendan que quiere ser bueno de traílla y que es muy quejoso en ladrar a menudo en la ida del venado, y que por heridas no se quiere castigar, ni ponerle la traílla entre los brazos, que es cosa que le castiga el ladrar, ni por embozarlo, ni por llevarle la mano de la traílla en la raíz del pescuezo, deben de hacerlo así: Darlo a un hombre montero en cuanto éste viese el señor en una villa, que vaya con él a los montes más fuertes, donde entendiese que el señor no quiere correr, donde se muevan los venados a otros buenos montes, y levanten  con él los más venados que pudiesen, y no lo suelte, ni le haga placer alguno, y tanto levante con él, hasta que lo enoje y se canse de aquello. Y si viese que se enmienda del quejido, haláguenlo, y háganle mucho bien, y desde que viese que no va usando de aquel quejido, llévelo a la búsqueda con los otros, según hemos dicho encima que deben hacer al can bueno para la traílla. Y si por esto no se enmienda del quejido, no hallamos razón para que se quite de ello, salvo que se enmendase contra la vejez, desde que está cansado. 

Otrosí, decimos que los canes que nosotros hallamos que levantan más callado, y más sin queja sobre el venado, que son los de los ballesteros del monte, porque son muy bien castigados, no porque sean lindos ni buenos, pero lo decimos porque los quieren hacer buen can de busca, que tomen de los lindos, y los den a los ballesteros para acostumbrar a buscar. 

Otrosí decimos, que los canes que mejor porfían en andar siguiendo bien dados al venado, son los de las montañas y tierras muy fragosas, y la razón es porque usan para correr montes grandes, y no usan alanos ni hombres a caballo, y a vencimiento de canes, y con mayor porfía.

 

Capítulo XXIIII, que habla sobre la manera en que se debe hacer un buen can de correr y renovar.

Para hacer buen can para correr, que no todos pueden ser buenos para levantar, deben hacer así: Aquel que lo trajera debe hacer mucho para que llegue con aquel can en la traílla a la muerte del venado, para que lo encarne, y desde que lo hubiese encargado unas cinco o seis veces, de esta manera no deje de soltarlo al venado desde que entienda que anda cansado el venado y cargado de canes, y anda muy cerca de la muerte, y anda en la guisa que entienda el montero que no se puede perder el venado. Y encarnándolo de esta manera unas cinco o seis veces, en adelante podría soltarlo cada día más temprano, para que pueda andar más tras él, y de esta manera se podrían hacer buenos canes de correr y de levantar.

Otrosí, que al encarnar que le den de comer, según hemos dicho encima.

Otrosí, que se ha de guardar el montero que quiere hacer buen can también de levantar como de correr: Cuando un día lo ha hecho bien el can, que no lo lleve al monte en dos o tres días, para que no lo enfade ni lo canse en cuanto es nuevo, y el día que lo quisiese llevar, que lo lleve a monte cierto, e irá el can holgado que no habrá otra cosa que hacerlo bien. Y haciéndolo de esta guisa, será siempre buen can de levantar y de correr.

 
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