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Sabuesero de liebres Imprimir E-Mail

¿PARA QUÉ DIABLOS...?

A mis buenos amigos Guillermo González y José Sobrino, habiendo elegido sabuesear la liebre. 

Estas líneas continúan en algún sentido aquellas otras referentes a la ortodoxia aparecidas tiempo atrás. Son nuevas reflexiones que me vienen a las mientes al reposo de un día de caza. ¿Para qué la caza al rastro? No es fácil respuesta. Casi podría empezar diciendo: ¿La caza? Está dejando de existir. 

¿El sentido del esfuerzo? Lo mismo. ¿El respeto a la tradición? Para qué hablar. ¿La individualidad? Aplastada por lo masivo. ¿Los canes? Ya no son lo que eran. Y si esto es así.¿Para qué. Otra vez la caza al rastro? ¿Para qué una caza que exige fuerte sentido de la misma, gusto por el esfuerzo, respeto a la tradición, grandes conocimientos sobre la utilización de los perros? Sólo tengo una respuesta: quizá por la necesidad de seguir soñando, por el gusto de la aventura en un siglo y un mundo en el que todo está previsto, planificado, controlado, corregido, codificado. Tal vez por la necesidad de buscar esa «pequeña cosa» que escapa a toda lógica. Crear y mantener una pequeña jauría de sabuesos es soñar y firmar por la aventura. 

Porque hace falta soñar para creer que los canes cazarán bien porque si; para creer en la honradez de los que venden perros; para creer que será fácil hacerse con canes buenos, puros de raza, limpios de taras, inteligentes, rápidos para tomar el rastro, lentos y seguros para permitimos un placer dilatado y abundante.

 Hace falta soñar para creer que podremos disponer de un terreno de liebre a precio civilizado; para creer que nuestros canes no serán robados, atropellados o muertos de un disparo mientras siguen su liebre. Pero si por fortuna el sueño deviene" realidad, comienza la magia, lo desconocido, la aventura...y esta aventura nos obligará a «pensar como sabueseros». Porque, de entrada, es relativamente fácil: algunos canes, un grupo de amigos bien avenidos, un terreno de caza, y poco a poco nos daremos cuenta qué es «sabuesear la liebre». Entonces iremos más lejos, aprenderemos a conocer los canes, a convivir con ellos....a conocer las liebres, y más tarde....más tarde nos daremos cuenta que acabamos de abrir la primera página de un libro del que jamás veremos la palabra fin. Después vendrá la conciencia de nuestros conocimientos.

Buscaremos la amistad de los que saben más para, brutalmente, damos cuenta de nuestra ignorancia. Aprenderemos, sabremos, pero siempre nos quedará todo por aprender. Vuestro instinto os dirá que las condiciones de caza actuales no están pensadas para vosotros, queridos amigos, y a pesar de ello seguiréis. Seguiréis para sentir un poco más todavía la alegre música en la garganta de vuestros canes.

Seguiréis sin saber cuánto tiempo más podréis hacerlo, y nada importará. Andaréis monte, barbecho, jaral, caminos... Correréis con un kilo de barro en cada bota o tal vez calados hasta los huesos. Poco importa, vuestros canes van latiendo delante.

Usaremos toda la agudeza de nuestros sentidos... Una hoja cae..., dos cuervos cruzan pesadamente el gris de la tarde... Nos hará falta el sentido del viento, el terreno, la orientación, el rastro de la liebre perseguida... Todo lo analizaréis con viveza, por instinto, y para adquirir este instinto nos hará falta una vida.

Entonces comprendemos realmente el sentido de la palabra «tradición». No un comportamiento inmutable, algo que puede parecer lejano y obsoleto, un lenguaje más o menos esotérico, un ceremonial heredado de otros tiempos... Esto es apariencia. La tradición estará viva para nosotros cuando comprendamos la sabiduría que encierra, fijada en ella por las generaciones que nos preceden. La tradición os obligará a respetar vuestros canes, las liebres y esta caza como os respetáis a vosotros mismos. Pero después de todo, ¿qué más dan estas líneas...? Si habéis pensado cazar la liebre con vuestros sabuesos, habéis elegido el rastro, el camino, más difícil. El camino de un animal de trampas y reveses. Un animal que, redoblando su rastro, os conducirá al reino del sueño. Allí nos encontraremos todos algún día, en compañía de nuestros mejores canes.

 Francisco Prieto Ortuño 

 
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